El escritor y egiptólogo recrea en su nueva novela ‘El Hijo del Desierto’ la historia de un guerrero privilegiado en una de las épocas más convulsas de la mítica civilización.

Si uno es profano a la materia y empieza a leer la contracubierta de El Hijo del Desierto (Ediciones B) se le puede quedar cara de esfinge. “Esta es la historia de Sejemjet, el hijo del desierto, y del misterio que lo envuelve desde el mismo día en que nació” comienza la sinopsis que ubica la acción en el “Egipto de los Faraones Guerreros”, en un libro en el que veremos a “los grandes faraones de la XVIIIª dinastía cobrar vida”. No obstante, no hay que dejarse avasallar por nuestro desconocimiento, o al menos eso es lo que cree Antonio Cabanas, su autor, especializado ya en la materia (esta es su tercera novela ambienta en el antiguo Egipto), y que asegura que, “aún siendo una novela histórica, realizada con mucho rigor, no deja de ser una novela protagonizada por personas”.

“Lo único que trato es de acercar al lector, profano o entendido, a un Egipto diferente al que se recrea habitualmente, el de los Faraones Guerreros” añade, declarando sus intenciones, y ciñedo esa época al inicio de la expansión de la civilización egipcia -unos 1.500 años antes de Cristo-, que consiguió abarcar desde el Éufrates hasta la quinta cataratata en Nubia, territorios conquistados mediante diecisiete guerras. Estos conflictos bélicos, explica Cabanas, “engrandecieron Egipto porque reportaron mucha riqueza y esclavos, pero también trajeron como consecuencia muchas guerras y odios con los vecinos”.

Y es por eso que el momento es ideal para ambientar en él una obra que supone, en boca de su autor, “un alegato contra la guerra, vehiculado a través de un personaje que, a modo del Aquiles homérico, con muchas sombras, controvertido y que sufre por el poder que tiene para dar muerte a los demás”. Ese es Sejemjet, un personaje ficticio, cuya creación el autor justifica en que “no podía inventar lo que hicieron los prohombres de la época”, algo que le diferencia de otros colegas de género. No obstante, que el protagonista no fuera real no es óbice para que la novela no tenga un carácter didáctico, al tiempo que sirve de vehículo de entretenimiento, pues a través del personaje, dice Cabanas “cuento realmente el contexto y lo que sucedió en él, en un paseo por el que el personaje nos lleva de la mano. A través suyo conocemos esta época y aquellos conflictos, aunque se trata de una novela de personajes, de cómo realmente vivían, cuáles eran sus aficiones, cómo se amaban… Es una historia de grandes pasiones y, al tiempo, el que no conozca aquella civilización, aprenderá de una manera muy fácil y muy amena”.

El autor, que se confiesa no lector habitual de novelas históricas del antiguo Egipto, valora no obstante la llamada novela histórica como un instrumento de divulgación para que los lectores conozcan detalles de diferentes épocas de un modo sencillo. Y en el género ubica, reivindicándolo por encima de todos, a Benito Pérez Galdós y sus Episodios nacionales. “Me parece una obra de una grandiosidad inigualable. Galdós es el maestro de los maestros, y después de que escribiera esa obra, los demás hacemos lo que podemos”, concluye riendo.

Antonio Cabanas, que compagina la escritura de novela histórica con su profesión de piloto comercial (o al contrario), cuenta que desearía  salirse del marco egipcio, pero que cuando lo ha hecho, sus lectores le reclaman “que vuelva”. Es por eso que con esta son tres las novelas ambientadas en el antiguo Egipto, aunque señala que en diferentes épocas para que sus lectores más fieles tengan una visión más amplia de aquella civilización. Una civilización de la que, como egiptólogo y miembro de la Asociación Española de Egiptología asegura que conocemos mucho, aunque nos quedan por descubrir algunos periodos. “Al ser 3000 años de civilización es lógico que algunos periodos estén más oscuros, pero cada día se van haciendo nuevos descubrimientos” apunta, pero al tiempo matiza las versiones que hablan de aquella civilización como una gran desconocida: “las líneas maestras de cómo vivieron sí están trazadas”.

En un momento de ellas ha ambientado Cabanas -que se confiesa enamorado de la egiptología desde la primera vez que vio la máscara de Tutankamon en un libro de texto- su última novela. Quién sabe, quizás gracias a ésta, algún profano acabe también convertido en egiptólogo.

Fuente: J.E.T. / l’informatiu.com